El Fósil Viral en las Termitas que Reescribe la Historia del Virus de la Hepatitis D

El Fósil Viral en las Termitas que Reescribe la Historia del Virus de la Hepatitis D

En pocas palabras

El virus de la Hepatitis D (VHD) es uno de los agentes infecciosos más extraños que conocemos: no puede replicarse por sí solo y necesita “secuestrar” al virus de la Hepatitis B para transmitirse. Su origen era un profundo misterio porque no se habían encontrado “fósiles” genómicos de su familia en ningún animal. Un nuevo estudio ha resuelto este enigma de una manera espectacular: buscando en los genomas de todo el reino animal, los científicos encontraron los primeros fósiles de deltavirus no en un mamífero, sino en termitas.

Estos “fósiles virales” demuestran que los deltavirus han estado coevolucionando con las termitas durante al menos 141 millones de años, desde la era de los dinosaurios. Aún más increíble, los investigadores descubrieron que uno de estos antiguos virus fue “domesticado” por la termita: su gen se fusionó con un gen del insecto, creando una nueva proteína funcional que la termita ahora utiliza para su propio beneficio. Este hallazgo no solo revela el antiguo origen de esta enigmática familia de virus, sino que también nos muestra un fascinante ejemplo de cómo la evolución puede convertir a un antiguo enemigo en un aliado molecular.

Paleontología molecular

En el vasto y complejo mundo de los virus, el de la Hepatitis D (VHD) siempre ha sido un bicho raro. Es un “agente subviral”, un parásito de un parásito. No puede completar su ciclo de vida por sí solo; necesita la ayuda del virus de la Hepatitis B (VHB) para empaquetarse y saltar de una célula a otra. Esta extraña dependencia lo convertía en un fantasma evolutivo. Su origen era un misterio total porque, a diferencia de otros virus como los retrovirus, no parecía dejar “fósiles” de su ADN en los genomas de sus huéspedes, lo que hacía casi imposible rastrear su linaje en el tiempo profundo.

Ahora, un equipo de científicos ha realizado un descubrimiento digno de una película de Indiana Jones, pero a nivel molecular. Han encontrado la “ciudad perdida” de los deltavirus en el lugar más inesperado: el ADN de las termitas. Este hallazgo, publicado en Cell Reports, no solo ilumina el oscuro pasado de esta familia viral, sino que revela una increíble historia de coexistencia y piratería genética que abarca más de 140 millones de años.

La búsqueda del “eslabón perdido” viral

Los virus, al infectar a un organismo, a veces pueden insertar accidentalmente su material genético en el genoma de las células germinales del huésped (óvulos o esperma). Si esto ocurre, la secuencia viral se convierte en un Elemento Viral Endógeno (EVE), un “fósil genómico” que se hereda de generación en generación. Estos EVEs son cápsulas del tiempo moleculares que permiten a los científicos, en una disciplina llamada paleovirología, estudiar virus que existieron hace millones de años.

El problema era que nadie había encontrado un EVE de un deltavirus en ningún animal. Para resolver esto, los investigadores se embarcaron en una búsqueda masiva. Utilizando herramientas bioinformáticas, escanearon los genomas de todo el reino animal en busca de secuencias que se parecieran al único gen que define a los deltavirus: el antígeno delta.

El resultado fue sorprendente. No encontraron nada en mamíferos, aves o reptiles. El único lugar donde aparecieron coincidencias claras fue en los genomas de cinco especies diferentes de termitas. Habían encontrado los primeros fósiles de deltavirus, y estaban en un insecto social.

Una historia de 141 millones de años

El descubrimiento de estos 13 EVEs fue solo el comienzo. Al analizar datos de ARN de más de 900 especies de termitas, los científicos no solo confirmaron que estos genes “fósiles” se estaban expresando activamente, sino que también descubrieron siete deltavirus modernos y completos que infectan a las termitas hoy en día.

Esto demostraba una cosa: la relación entre los deltavirus y las termitas no era un evento aislado, sino una asociación profunda y duradera. Utilizando técnicas de “reloj molecular” para fechar los árboles evolutivos, calcularon que los deltavirus han estado coevolucionando con las termitas desde hace al menos 141 millones de años. Para ponerlo en perspectiva, esto significa que mientras los dinosaurios caminaban por la Tierra, las termitas ya estaban lidiando con estos virus.

Cuando el enemigo se convierte en parte de ti: un caso de “domesticación” viral

Quizás el hallazgo más asombroso del estudio fue un caso único de evolución en acción. En las termitas del género Reticulitermes, un EVE de deltavirus no se quedó como un simple fósil inerte. En cambio, se integró en el genoma justo al lado de un gen del huésped que codifica una proteína llamada nucleoplasmina.

Con el tiempo, a través de un proceso llamado “exonización”, la termita “adoptó” el gen viral y lo fusionó con su propio gen. El resultado es una proteína quimérica, una fusión mitad termita, mitad virus, que ahora se produce y utiliza funcionalmente en el insecto. El análisis genético mostró que este nuevo gen está bajo “selección purificadora”, lo que significa que la evolución lo está protegiendo activamente de mutaciones dañinas, una señal inequívoca de que cumple una función beneficiosa para la termita.Diagrama

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El virus no solo se fosilizó; fue “domesticado” y puesto a trabajar.

Resolviendo un misterio y abriendo otros nuevos

Este estudio transforma nuestra comprensión de los deltavirus. Nos dice que no son exclusivos de los vertebrados, sino que tienen una historia antigua y rica en insectos. La división entre los linajes de termitas y vertebrados ocurrió hace unos 255 millones de años, lo que sugiere que un evento de transmisión entre estos grupos tan dispares tuvo que ocurrir en algún momento del pasado remoto, posiblemente a través de un antiguo mamífero que se alimentaba de termitas.

También plantea nuevas preguntas fascinantes. Por ejemplo, en las termitas, los científicos no encontraron rastro de un virus “ayudante” como la Hepatitis B. ¿Cómo se transmiten entonces? Quizás usan otro virus como vehículo, o tal vez aprovechan el comportamiento social de las termitas, como el intercambio de fluidos intestinales (trofalaxis), para propagarse.

Este trabajo es un brillante ejemplo de cómo el estudio del pasado evolutivo, escrito en el lenguaje del ADN, puede iluminar el presente. Al encontrar un fantasma viral en el genoma de una termita, hemos abierto un nuevo capítulo en la historia de la virología, recordándonos que las conexiones en el mundo natural son mucho más antiguas, extrañas y maravillosas de lo que podríamos imaginar.

Referencia del artículo

Barreat, J. G. N., Harding, E. F., Kamada, A. J., & Katzourakis, A. (2025). Endogenous viral elements in termite genomes reveal extensive diversity of deltaviruses and provide insights into their origins. Cell Reports, 44, 116218. https://doi.org/10.1016/j.celrep.2025.116218

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