El virus del papiloma humano (VPH) es uno de los patógenos más conocidos en la actualidad, infamemente famoso por ser la principal causa del cáncer de cuello uterino y de una proporción creciente de carcinomas orofaríngeos a nivel mundial. Existen más de doscientas variantes de este virus, pero el linaje VPH16 es, sin duda, el más extendido y el que posee el mayor potencial oncogénico (capacidad de causar cáncer). Durante años, los científicos se han preguntado cuándo y cómo este peligroso virus comenzó a infectar a nuestra especie. Ahora, gracias a la paleovirología, un fascinante estudio ha logrado rastrear el ADN de este virus hasta la Edad de Hielo, demostrando que el VPH16 ha sido un compañero inseparable de la humanidad durante decenas de miles de años.
Para lograr este hito biológico, un equipo de investigadores analizó los colosales datos genómicos de dos de los individuos antiguos mejor conservados del mundo: Ötzi, el famoso “Hombre de Hielo” que vivió hace unos 5.300 años en los Alpes del Tirol, y el hombre de Ust’-Ishim, un cazador-recolector siberiano de hace aproximadamente 45.000 años, considerado uno de los humanos modernos más antiguos de Eurasia. Utilizando técnicas bioinformáticas de mapeo genético de alta precisión, los científicos descubrieron fragmentos virales ocultos en el ADN de estos humanos prehistóricos y lograron reconstruir secuencias del peligroso VPH16. Curiosamente, revelaron que Ötzi era portador del sublinaje A1 (el predominante en Europa hoy en día), mientras que el hombre siberiano portaba el sublinaje A4 (asociado a antiguas poblaciones euroasiáticas).
Este descubrimiento representa un sismo para las teorías evolutivas anteriores sobre el virus. Hasta hace poco, la hipótesis científica principal sugería que el linaje VPH16A no era originalmente nuestro, sino que los humanos modernos lo habrían adquirido al cruzarse y aparearse con los neandertales o denisovanos durante su salida de África. Sin embargo, el hallazgo del virus en el individuo de Ust’-Ishim contradice esta idea. Sumado a esto, estudios previos del mismo equipo demostraron que los neandertales portaban una variante totalmente distinta (VPH12) y no el VPH16. Esto sugiere firmemente que este letal virus no fue un contagio cruzado con los neandertales, sino que ya circulaba de forma endémica y evolucionaba junto a las poblaciones de humanos modernos mucho antes de la transición hacia la agricultura en el Neolítico.
Pero al trabajar con muestras de decenas de miles de años de antigüedad surge una gran duda científica: ¿cómo saben los investigadores que este ADN viral no es simplemente contaminación moderna de los laboratorios? La respuesta está en las “cicatrices” moleculares del código genético. El ADN antiguo sufre un proceso de degradación natural con el paso de los milenios que provoca un daño químico muy específico (la desaminación de la citosina) en los extremos de los fragmentos moleculares. Al analizar las secuencias virales recuperadas de Ötzi y de Ust’-Ishim, los algoritmos detectaron exactamente este patrón de daño prehistórico (en forma de “U”), confirmando de manera indiscutible que los fragmentos del virus son tan antiguos como los huesos que los albergaban.
El hecho de que el VPH16 estuviera presente en dos individuos prehistóricos separados por miles de años y miles de kilómetros subraya la profunda y antigua asociación biológica entre este patógeno y nuestra especie. Una vez más, la exploración de los genomas de nuestros ancestros nos permite no solo reconstruir sus grandes migraciones, sino también conocer las silenciosas batallas que libraban contra virus oncogénicos que aún nos acechan en el presente.
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Referencia
Yazigi, J. B., Cyrino, C. O., Peter, C. M., Ferreira, R. C., Maricato, J. T., Janini, L. M., & Briones, M. R. S. (2026). Oncogenic HPV types identified in Paleolithic and Chalcolithic human genome sequencing data from Ust’-Ishim and Ötzi. Scientific Reports. https://doi.org/10.1038/s41598-026-49280-x
















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